¿SABES RECTIFICAR?

Dejar Huella. ¿Saber rectificar?

Las personas estamos deseando demostrar que somos buenos, por desgracia el mundo va en sentido opuesto. Cada vez somos más individuales, insensibles, competitivos, etc. lo que hace que aumente nuestra desconfianza hacia los demás, en definitiva, hacia el mundo.

Es una verdadera pena, estoy seguro que en otras circunstancias descubriríamos a personas que son verdaderamente brillantes y no han podido demostrarlo nunca.

Para mi sorpresa, he podido vivir esto en primera persona, quiero que conozcáis lo que me ocurrió hace unos meses y como me impresiono por su resultado, el cual no hace más que confirmar que en el fondo no hay personas mejores o peores.

Es fácil juzgar cuando nuestras circunstancias son favorables o nuestro mundo ha sido más o menos estable. Pasamos por delante de personas a las que no les prestamos atención, que nunca meteríamos en nuestros círculos sin saber que esconden detrás, sus vivencias, sus sufrimientos, sus deseos… Estoy convencido que si la vida nos pusiese a prueba en situaciones extremas, quizá estas personas serían auténticos santos comparados con muchos de nosotros.

La experiencia fue la siguiente:

Todo el que viene por Murcia sabe la dificultad que hay para aparcar el coche en horas punta en el centro. Nosotros por suerte tenemos nuestro pequeño rincón donde aparcamos de forma habitual. Es una plaza donde milagrosamente no hay zona azul y donde las horas de aparcamiento no están limitadas.

En la plaza a la hora punta también es casi imposible aparcar, porque no es muy grande, además, está muy cerca de oficinas. Lo bueno que tienes, es que los habituales, y hablo de gente que lleva aparcando en el lugar más de diez años,  jugamos con la ventaja de poder dejar las llaves de nuestros coches a un hombre de mediana edad que se ha ganado la absoluta confianza de las personas que trabajan por los alrededores.

Lo que hace este hombre es que deja los coches en segunda fila y va jugando con ellos, según el tiempo que sabe que van a permanecer en el lugar. En nuestro caso, como nos tiramos todo el día en Murcia en cuanto queda libre un hueco lo mete allí, y cuando llega la hora de marcharse a su casa se acerca a nuestro restaurante y nos deja las llaves.

La verdad, es que nunca le solíamos pagar con dinero efectivo, él cuando nos dejaba las llaves comía en el restaurante con su cerveza, su postre, su café e incluso alguna copa si le apetecía.

Esto se ha repetido a lo largo de meses. Como es evidente, ambos tenemos una  confianza alimentada con el paso de los días. Él me contabas sus historias y yo un poco las mías.

Por otro lado, había cosas que no me terminaban de gustar. Me pedía dinero prestado, aunque, es verdad que la mayoría de las veces lo devolvía. Para mí era un compromiso porque creaba cierta tensión entre los trabajadores del restaurante.

Un día fue a comer tarde, a última hora, solo quedaban unos clientes, la camarera y yo. La camarera le puso de comer y a la hora del café le solicito unas gotas de un licor para el café, como ella estaba liada y con la confianza, le autorizo a que pasase a la barra y cogiera él mismo la botella de licor, hasta aquí todo bien, él se despidió y se fue, todo tan normal.

El problema vino cuando la camarera termino su trabajo y se puso a coger su teléfono móvil para marcharse a casa, el teléfono había desaparecido y estaba en el mismo lugar donde se encontraba la botella de licor que este hombre había utilizado para su café.

Ella se puso nerviosa y tenía claro que le habían quitado el móvil, pero yo, por si acaso, le dije que esperara a buscar en su casa por si estaba confundida.

No era plan de acusar a nadie sin estar seguros quien había sido. Le di orden de que me llamara por la tarde cuando estuviese segura de que le habían quitado el móvil. Y eso hizo, a la mañana siguiente me llamo y me dijo: “te confirmo que el móvil lo deje en ese lugar y que estoy segura que me lo ha robado el que aparca los coches”.

No me lo podía creer, por qué me iba a hacer esto, si yo le he abierto las puertas de mi casa, le he dejado las llaves de mi coche, con dinero, con mis gafas de sol, con cosas de valor en el maletero y nunca me ha tocado nada, ¿Cómo era posible?

Esa mañana no me pude quitar de la cabeza la historieta que tendría cuando llegara a la plaza a dejar mi coche. Lo que tenía claro es que este tema no lo podía dejar pasar, no soy de esos que no dicen lo que piensan, si me equivoco pido perdón y tan contentos.

El viaje a Murcia dura unos cuarenta minutos, los cuales aproveche para pensar como afrontar la situación, tenía varias opciones:

  1. Mal rollo, eres un ladrón devuélveme el móvil.
  2. La de la duda, creo que nos has quitado el móvil. Si es así por favor devuélvemelo.
  3. La de la buena gente que se equivoca.

Cuando llego el momento de hablar con él, le llame a un lado donde estuviésemos solos y conversamos:

B: Estoy totalmente seguro de que ayer te equivocaste cogiendo un móvil que no era tuyo. Realmente me siento mal, no es por el móvil, es por la confianza que tengo contigo.

H: Yo no he sido.

B: Esta respuesta me duele más todavía, porque estoy totalmente seguro que has sido tú. Como te he dicho, desde un principio, nuestra confianza ante una respuesta de este tipo se verá muy seriamente afectada.

H: yo no he sido, ¿tenéis cámaras de seguridad en el restaurante? Míralas y si he sido yo, le pago el móvil y ya está.

B: Lamento mucho que sigas sin entenderme, no se trata de 500 o de 700 euros el tema, se trata de nuestra confianza y eso no tiene ningún precio. Yo me equivoco todos los días y tú te has equivocado en esta ocasión, pero tienes la oportunidad de enmendar tu error y no perder todo lo que llevas sembrado por una tontería. Yo se que tu eres una buena persona, las buenas personas también se equivocan. Lo que realmente las hace grandes no es equivocarse, es saber arreglar sus errores, y estoy convencido que tu sabes.

H: Toma el móvil tío, no sé lo que me ha pasado. Yo tengo uno, no lo necesitaba, se me fue la pinza y lo cogí. Me arrepiento enormemente y siento haberlo hecho de esta manera. Realmente no lo necesitaba para nada.

B: Gracias a ti, me has alegrado el día y me gustaría agradecértelo con un abrazo! Te felicito, has demostrado que realmente me apreciabas y que por encima de cualquier valor material esta la lealtad y la confianza con los amigos e incluso con los conocidos.

De ahí, me fui al restaurante con el móvil y todo el mundo se quedo sorprendido de que lo hubiese podido recuperar, decían que era imposible.

Cada vez tengo más claro que las personas jugamos el rol que nos dan. Creo que si le hubiese dado el papel de ladrón hubiese actuado como tal y jamás habría recuperado el teléfono. Y sobre todo jamás habría tenido él la oportunidad de demostrarse que puede ser buena gente. Porque realmente lo es, pero, quizá, ni él mismo lo sepa…

Yo estoy convencido de lo que hago, el abrazo me salió del corazón. Aquella mañana no solo recupere un móvil, confirme, una vez más, que nosotros tenemos el poder de provocar respuestas diferentes en el mundo.

Agradezco en su persona, que avivara la fuerza de hacer las cosas diferentes y me ayudara a cambiar el enfoque de cómo reaccionar ante los problemas. Estos pequeños cambios, aunque, insignificantes hacen que cambien mi vida y quizá, un poquito las de mi alrededor y por ende el mundo.

Nadie lo vio, pero ese día el mundo era un mundo un poquito, poquito, poquitico mejor. Pero este hombre ese día era muchísimo, muchísimo, muchísimo mejor. Necesitamos valientes de este tipo a nuestro lado.

Recuerda, que cuando con nuestro dedo señalamos a alguien, hay tres dedos que nos señalan a nosotros

Muchísimas gracias amigo por aquel abrazo que no olvidare nunca!

No olvides dejar tu comentario.

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2 pensamientos en “¿SABES RECTIFICAR?

  1. Hay un refrán que dice así
    Ganar la confianza de alguién cuesta una vida, perderla sólo un segundo.
    Quizás ambos sabiaís del valor de lo que se perdería… y tú preferistes ceder en concederle una oportunidad, y él prefirió perder credibilidad y aceptar que se equivocó. Ambos ganasteís algo más que un móvil y credibilidad, ambos ganastéis lo mejor que tiene el ser humano: SER UN SER HUMANO CON ERRORES Y DEFECTOS PERO UN MARAVILLOSO SER … QUE AMA, SIENTE, Y SE EQUIVOCA…
    Enhorabuena a ambos… yo me equivoco todos los días, pero evidemente intento resarcir ó enmendarme en el día presente, porque el pasado ya no se puede arreglar, lo hecho , hecho está… pero el hoy, el ahora es preciso que se mejore …
    Por eso yo también le hubiera dado un ACHUCHÓN….
    ( pero en confianza utilizastes la técnica de la sicología invertida… jajaja)…

    • A quien no le gusta ser bueno y que lo quieran? No es sicología, es ser humano! Estamos muy enfermos, durante años nos han enseñado a competir para ser los más, hemos creado un mundo injusto compitiendo e incluso lo hemos etiquetado: primer mundo, tercer mundo, etc. nos preguntamos ¿por qué tantas injusticias? como si fuésemos inocentes… …y también hemos aprendido maravillosamente a ocultar nuestras debilidades y sentimientos ante los demás, auténticos enfermos!

      Esto daría para otro articulo, lo escribiré… muchas gracias por tu comentario.

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