EL “ROJO” DE MI MAESTRO

el rojo de mi maestro

Dejar Huella. El “rojo” de mi maestro.

Seguro que sabéis de sobra cual es la diferencia entre la definición de profesor y maestro. Yo es algo que he diferenciado desde que era un joven. Mucha gente cree que es lo mismo y seguramente, para muchos así sea.

El diccionario de la real academia española de la lengua nos da como primera  definición de ambas palabras lo siguiente:

Profesor: Persona que ejerce o enseña una ciencia o arte.

Maestro: Dicho de una persona o de una obra: De mérito relevante entre las de su clase.

Hemos de saber que la palabra maestro tiene entre sus definiciones la misma que tiene la de profesor, pero no ocurre de la misma forma con la palabra profesor. Lo diré de otra manera: un maestro puede ser un profesor, pero un profesor no puede ser nunca un maestro.

Cuando el profesor da el paso de superar el ejercicio y la enseñanza para ser algo más, deja de ser un profesor y se convierte en un maestro.

Por suerte para mí, puedo decir que en mi vida he tenido un verdadero maestro. Digo por suerte, porque para que sucediera tuvo que actuar el destino. Estaba yo en primero de primaria cuando un accidente de tráfico me hizo perder el curso entero, esto provoco que repitiera curso.

Fue en cuarto de la EGB cuando una pareja, en ese momento, de profesores llego al colegio de mi pueblo, era gente joven con la carrera echando humo del horno. En mi clase nos toco el profesor, se llama Carlos.

Muchas cosas fueron nuevas para nosotros desde ese momento. Recuerdo perfectamente con la desgana que afrontaba los cursos, hasta ese momento, y con la ilusión que iba al colegio desde que este hombre apareció en mi vida.

Carlos en pocos meses se convirtió en mi maestro, paso la barrera de profesor para preocuparse de las personas. Transcendió el ámbito escolar para que le abriéramos la puerta de nuestro corazón.

Fueron muchas cosas las que aprendí con él. Desde quien era “perico de los palotes” (palabras que repetía mucho y que yo no había oído hasta ese momento, tengo que confesar que para enterarme tuve que preguntar ¿quién coño era ese tío? Uno de los adelantaos de la clase me dijo riéndose que no era nadie, que era cualquiera, ¡aaahh leches! Con la explicación empecé a utilizarlo yo también) hasta, y quizá, lo más importante  que he aprendido en mi vida, aprender a pensar por mí mismo.

Vivimos en un mundo tan contaminado psicológicamente que no nos damos cuenta, muchas de las veces, que no nos enseñan a pensar, nos enseñan a qué pensar. Esto  suena parecido, pero es bien diferente.

Tengo miles de recuerdos de mi maestro, introdujo el baloncesto al colegio, descubrimos a “Juan Salvador Gaviota” y escuchamos “se equivoco la paloma, se equivocaba”, pero, sobre todo, el recuerdo de tratarnos como adultos.

Nos dio el rol que nadie nos había dado hasta ese momento, nuestras opiniones contaban, nuestras preocupaciones eran las suyas y los valores humanos estaban por encima de cualquier lección. No se trata de formar loros, se trata de formar personas con criterio, y buenos sentimientos, aunque, no aprueben ni una asignatura.

A lo largo de nuestras vidas hemos tenido temporadas de grandes ausencias, aunque para mí siempre ha estado ahí, aun, sin que él lo sepa. En estos momentos que tenemos una relación asidua y nos vemos con cierta frecuencia, lo puedo disfrutar de otra forma, pues, sin dejar de ser mi maestro, como lo llamo, ahora también es mi amigo.

Si tuviera que marcar una época de mi vida como el principio de mi madurez, sin duda, la marcaría en los dos años que pase con el maestro al que tanto admiro.

Nuestras conversaciones ahora son totalmente diferentes, Aunque discutimos de colores, él se considera “rojo”, sabe que no discutimos nada.

Estamos totalmente de acuerdo, porque su “rojo” es el de la sangre de las personas que tanto le importan aunque no las conozca, el “rojo” de la pasión con la que hace su trabajo, el “rojo” de la vergüenza que le da a la gente que no hacen bien las cosas pudiendo y que él no duda en reprocharles, el “rojo” de la revolución de sistemas obsoletos y antiguos donde lo que menos importa es el alumno, su “rojo” es el del amor con el que me ha tratado siendo su alumno y su “rojo” es el de mi corazón donde siempre estará…

Querido maestro tu “rojo” es mi “rojo” y el de mis hijos, quizá, no te dio tiempo a enseñarme todo lo que necesitaba, pero sí donde podía buscarlo y así lo he transmitido.

Con muchos como tú el mundo sería diferente, no nos enseñaste a competir, nos enseñaste a cooperar. Esta palabra está en peligro de extinción en la educación, solo personas como tú saben el valor que tiene…

Mi más profundo agradecimiento por tenerme en tu lista de contactos y por haber dejado tu huella en mi alma para siempre.

Por desgracia después de haber pasado veinte años en el sistema educativo, solo te llamo a tí MAESTRO. Espero que los que lean este pequeño homenaje tengan la suerte de poder decir lo mismo a alguien.

Un abrazo Maestro Carlos.

Como siempre espero vuestros comentarios

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2 pensamientos en “EL “ROJO” DE MI MAESTRO

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