INTERPRETA TÚ EL CUENTO…

interpreta tu el cuentoDejar Huella. Interpreta el cuento…

¿Dónde está Dios, aunque no exista? De esta forma empieza un libro que leí hace muchos años. Tantos, que no recuerdo apenas nada de lo que decía, ni su autor, ni siquiera su titulo, sin embargo, esta frase jamás la he podido olvidar.

La pregunta resume, en mi opinión, la indefensión del ser humano ante las circunstancias que le superan o no controla. Cuando en nuestro día a día lo tenemos todo <<controlado>>, cuando nosotros y nuestros seres queridos gozan de buena salud, cuando los vientos nos vienen de cola, entonces… nos permitimos desde ser ateos, agnósticos, pasando por fundadores de nuestras propias religiones y conceptos sobre la creación universal, hasta jugar con la vida como si fuésemos Dios.

Pero qué pasa cuando ese control y dominio falso de la existencia se nos cae encima con todo su peso de dolor y desesperación. Qué pasa cuando la única seguridad de nuestra vida es la incertidumbre de la muerte, qué pasa con el vacío de la soledad que sentimos en la zona del estomago, qué pasa con la duda que nos produce no saber si hay continuidad, de que todo será en vano. Qué pasa  con el trámite de morir, quizá, la única experiencia real que vivamos muchos de nosotros de forma consciente. Y que pensar en él nos hace vivir una vida aterrorizada, porque representa el fin de la cadena de una vida lineal que se rompe para no unirse jamás.

Piénsalo, realmente no nos da miedo la muerte, nos da terror que nuestro ego no continúe. Nuestros hijos, ya no serán nuestros hijos, nuestras posesiones no serán nuestras posesiones, nuestra mujer no será nuestra mujer, nuestra obra dejara de ser nuestra obra y nada de lo que es volverá a ser para nosotros, ni nosotros seremos para nadie…

Nuestra mente acostumbrada a la seguridad, necesita aferrarse a lo que le convenga. Ella siempre busca un tronco que la lleve a la orilla y la salve, aunque sea sacrificándonos a nosotros mismos. Como si de un parásito se tratara, evade la realidad con cualquier cosa, deporte, sexo, lectura, películas, televisión, música, drama, trabajo, etc. Nos hace adictos a hábitos y estados emocionales,  nos duerme antes que hacerse cargo de nuestro interior ¿qué sabes realmente de ti mismo? Es curioso, ver cómo reacciona cuando se encuentra sola ante una fuerte corriente que la lleva a la inevitable caída de una catarata totalmente desconocida.

Es entonces cuando buscamos seguridad en lo que sea. Seguramente, en lo primero que pensemos sea en nuestra madre como símbolo de protección y seguridad, en la mayoría de los casos siempre ha sido nuestro brazo protector. Con su seguridad y sus palabras de <<amor>> ha llenado siempre el hueco de la incertidumbre y el miedo.

Cuando la realidad supera el poder tranquilizador de nuestra madre aparece en nuestros pensamientos el omnipresente Dios (el que sea). Cuando nos vemos pequeños e indefensos, pasamos de ser las personas poderosas y prepotentes a convertimos en mendigos de la salvación. Le pedimos a Dios, a cambio de lo que sea, que nos proteja y nos salve. Le hacemos montones de promesas que cumpliremos en el momento que se realice el milagro solicitado.

Primero por supuesto, pediremos (hablando de la salud) la salvación terrenal, que me cure como sea, lo importante es vivir. Me convertiré en mejor persona, seré desapegado, generoso, puro, casto, andaré kilómetros descalzo, de rodillas, haré lo que nunca he hecho y cambiare todo lo que la ley del Dios que toque diga…

Segundo y si no es posible lo primero, salva mi alma. Llévame al cielo que corresponda, según el Dios al que rezo. Lo importante es que YO esté bien eternamente, no me hagas quemarme en el temido infierno, tampoco he sido tan malo, además, mira en los últimos instantes de mi vida si creo en ti, lo ves, ¿no? Estoy teniendo una muerte más o menos religiosa…

Me pregunto ¿si es que quiero ser religioso y buena persona siguiendo la moral de la doctrina pertinente o es que estoy <<acojonao>> de lo que no conozco? Es el terror a lo desconocido lo que me hace <<tragar>> con todo lo que me dicen que tengo que hacer para salvarme, intentando evitar de esta manera que no me toque la <<china>> de la muerte, el dolor, la escasez, el sufrimiento, la mala suerte… cosa, por otro lado, que es inevitable.

¿Qué nos hace pensar que somos mejores? Y más después de tener la osadía de negociar con Dios. Yo si fuese Dios, <<el que todo lo sabe>>, pediría avales por nuestras promesas, precisamente por eso, porque <<todo lo sé>>, no me fiaría ni un pelo. Decimos que nos trasformaremos en mejores personas, desprendidos, generosos, desinteresados, amorosos… sin darnos cuenta que no sabemos ni el concepto de lo que es ser buena persona, siempre esperamos algo a cambio, incluso del todo poderoso. Si eso es amor verdadero, que venga Dios y lo vea.

Yo no entiendo mucho de esto, y respeto lo que crea cada cual, pero puestos a no saber prefiero pensar que Dios es algo más grande e ilimitado que lo que el hombre pueda crear. De verdad que lo he intentado, pero no puedo imaginarme en ningún momento a Dios dictando leyes y normas, para después clasificarnos como se clasifican los mejillones antes de enlatarlos.

El poeta y filoso bengalí Rabindranath Tagore, escribió en un breve y precioso cuento la dimensión que pueden adoptar las cosas sencillas vistas desde otro punto, el cuento se llama:

La Flor de Champa

<<Si por divertirme me convirtiera en una flor de champa… Si creciera allí arriba, en una rama de este árbol, y sacudido por el viento sintiera deseos de reír y bailara entre las hojas tiernas ¿me reconocerías, madrecita? Me llamarías:

-Niño, ¿dónde estás?

Y yo reiría en silencio sin moverme.

Entreabriría mis pétalos y te espiaría mientras trabajas.

Después de tu baño, con los cabellos todavía mojados, desparramados sobre tus hombros, cruzarías bajo la sombra del champa para ir al pequeño patio donde dices tus oraciones, y allí sentirías el aroma de la flor, pero no sabrías que sale de mí.

Después de la comida del mediodía, cuando te sentarías a la ventana a leer el Ramayana y la sombra del árbol caería sobre tus cabellos y tu regazo, yo proyectaría mi minúscula silueta de flor sobre la página del libro, exactamente en el lugar en que estuvieses leyendo.

Pero, ¿adivinarías tú que es la pequeña sombra de tu hijito? Al anochecer, cuando fueras al establo de las vacas con la lámpara encendida, yo me dejaría caer de pronto al suelo, y convertido otra vez en tu niño, te pediría que me contaras un cuento.

Y eso sería lo que nos diríamos:

-¿Dónde te has metido, pillín?

-Es un secreto, madre>>.

Cada cual que interprete el cuento a su manera, mientras tanto yo me pregunto:

¿Es necesario que estemos en una situación crítica, para ser todo lo que le prometemos a Dios para que nos salve? O ¿podemos ser ya esas personas en las que nos convertiremos cuando estemos desesperados y pidamos una oportunidad para vivir un día más?

Que pena que las buenas intenciones no me sacien el hambre, porque estaría gordísimo… es mi hora de transformar mis buenas intenciones en conocerme y entenderme. Conociéndome a mi conoceré el mundo y conociendo el mundo mis buenas intenciones se harán buenas acciones , así, quizá, cuando llegue mi hora de ver a Dios no le pida por mí, le pida porque mis hermanos vivan la vida que yo he vivido.

Y si no existe Dios, le habré regalado al mundo lo mejor que tengo…

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Un pensamiento en “INTERPRETA TÚ EL CUENTO…

  1. Necesitamos creer, creer que habra alguien que nos salvara y nos condenara.
    Tenemos miedo, terror, panico a dos cosas: a la soledad y creer en nosotros mismos
    Dios existe y es esa fuerza dentro de ti que hace que puedas ser quien eres y hacer aquellas proezas que sin esa fuerza no harias

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