LA VOZ DE LA MUJER NO CANSA AL HOMBRE…

Dejar Huella. La Voz de la Mujer no Cansa al Hombre…

La ventaja de ser científico es que te puedes respaldar en tus investigaciones para concluir que: “La voz de la mujer agota al cerebro del hombre”.

Michael Hunter profesor de una universidad de Reino Unido, terminó el estudio de porqué los hombres no escuchan a las mujeres con la conclusión de qué:

<<la voz femenina posee tonos más complejos que la voz masculina, influyendo toda el área auditiva del cerebro. En cambio, la voz del hombre ocupa una pequeña porción del cerebro femenino solamente.

Hunter descubrió con base empírica que cuando las mujeres se quejan muchas veces que los hombres no las escuchan, es porque los hombres se “desconectan” de la conversación por una razón puramente fisiológica>>.

¡Bueno! ¡Bueno! Me quedo loco, yo no soy académico ni nada parecido, soy un simple camarero, pero creo que tengo un argumento que desmonta todo el estudio de este señor…

Mi argumento se basa en un sencillo experimento que las mujeres podéis probar con vuestra pareja o amigos en cualquier momento, y dice así:

Háblale de sexo a tu pareja o a cualquier hombre durante horas, explicándole lo que le vas a hacer cuando lleguéis a casa, a ver si “desconecta”…

Una cosa es hablarle de tu madre o de tirar la basura, y otra cosa es decirle lo que le vas a comer cuando lo veas. ¡Qué casualidad! Para eso el cerebro del hombre no se cansa.

Con mis respetos Michael, estoy seguro que lo que has descubierto son un montón de temas que aburren a los hombres. Te aconsejo que los publiques para que las mujeres los tengan en cuenta.

Desde luego yo, como simple camarero, hablo de lo que he visto y vivido en tiempos atrás, sin generalizar demasiado, recuerdo muchas noches cenando solo con mi mujer y mi pequeña perrita a los pies de la mesita cuadrada de la cocina… Que grandes conversaciones terminadas con el reproche de:

-Solo te cuento yo cosas Beni -protestaba. Joder –le contestaba yo- no he tenido hueco para decir ni “pio” todavía.

Para pasar a levantarse un poco enfada a fregar los platos, mientras decía en voz alta y seca:

“Hay que sacar la basura”.

 Yo me quedaba “loco” pensando: “¿Desde cuándo sabe la perrita sacar la basura?

¡Qué guay! Le habrá enseñado…”.

Solo cuando llegaba a la cama descubría que esa frase al aire iba dirigida a mí, y ¡claro! Ya esa noche, cualquiera se acercaba…

Para seguir con mi propia teoría de los temas que aburren, no de la voz, hablaré de la audacia de las mujeres para decir las cosas sin hablar de los asuntos que nos pueden molestar.

Mi mujer viendo que la frase al aire no le funcionaba, decidió poner las bolsas de la basura a un lado del pasillo, con este mensaje subliminal pensaba que solucionaría el asunto, sin embargo, no fue así, lo que si generó fueron nuevos temas de conversación:

-No has bajado la basura Beni –me decía.

-¿Qué basura? –por supuesto, mi respuesta.

-Las bolsas que te he dejado en el pasillo…

– Y yo que sé, yo no soy superman para ver a través de un plástico negro, ¿cómo voy a saber que tienen dentro unas bolsas tan poco atractivas? La verdad cariño, no sentí curiosidad por saber que contenían.

Con esto se dio cuenta que el sistema mudo tampoco funcionaba, así que, decidió pasar al sistema hablar lo justo:

-Beni, al salir he dejado las dos bolsas de basura. –Vale –le contesté–.

Yo siendo, ya,  consciente de lo que llevaban, salía a la calle mirándolas y pensando:

“¡Mira que buen sitio ha encontrado mi mujer para dejar las bolsas de basura, ahí no le molestan a nadie…!”

Entendí que la había vuelto a cagar cuando esa noche otra vez me quedé a “dos velas”.

Viéndose impotente para hacerme sacar la basura, decidió ser más agresiva con el tema, además de ponerla en el pasillo la puso atrancando la puerta para que no me quedara más remedio que apartarla si quería salir de casa, cosa que, por supuesto, hice…

-Beni, has tenido las narices de apartar la basura con la puerta y salir sin tirarla, -me decía enfadada. –Esto me huele a noche a “dos velas” –pensaba yo.

-Jooo, si no me has dicho dónde la tengo que tirar…

 No sé cuantos años pasaron de esta forma, pero la cuestión es que yo jugaba con ventaja, pues, sabía que el tiempo iba a mi favor, ya que los niños crecían rápidamente y pude delegarles el trabajo de la forma correcta:

“Josema, coge las dos bolsas negras que hay al salir del pasillo, llevan basura, las bajas por el ascensor, cruzas la calle y las tiras dentro del contenedor verde que tienes enfrente a la derecha. Cualquier duda me preguntas, pero cuando vuelva no quiero verlas aquí bajo ningún concepto. Gracias”. Sencillamente.

No hay nada como “limar asperezas” con las mujeres para que te vuelvan a hablar durante horas sobre su madre, mientras nosotros “desconectamos” adentrándonos en el dulce sueño de las fantasías, por supuesto, sexuales. Jajaja

Para terminar mi estudio concluiré que: “No nos cansa la voz de las mujeres, nos cansan algunos temas que no nos interesan, sin embargo, no dejéis de hablarnos de ellos, ya que, gracias a ellos el mundo ha avanzado… A Thomas Edison se le ocurrió lo de la bombilla mientras su mujer le contaba que su madre se había caído y la tuvo que llevar al médico, pero había una cola, y a ellas les toco detrás de la vecina de abajo, que había comprado una crema que le dio alergia y por eso bla bla bla…”

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