¿LES DEBEMOS ENSEÑAR TODO A NUESTROS HIJOS?

DejarHuella Enseñar todo-01-01

Dejar Huella. ¿Les debemos enseñar todo a nuestros hijos?

¿Cómo se enseña a no decepcionarse? ¿Cómo se enseña a no estar triste? ¿Cómo se enseña a superar el dolor? ¿Cómo se enseña ánimo? ¿Cómo se enseña a no desesperar? ¿Cómo se enseña a elegir la mejor opción?

Hasta que punto les puedo enseñar a mis hijos lo que deben aprender por ellos mismos, ¿Cuánta experiencia les puedo transmitir, sin que ellos vivan la suya propia?

Es cierto que como padres nos gusta torear en todas las plazas pero, según lo que yo he vivido, hay corridas que debemos ver desde la barrera. A sabiendas de que corremos el riesgo que nuestros hijos sufran una cornada.

Según van creciendo, al igual que nos ha pasado a nosotros, se van encontrando con nuevos retos y desafíos emocionales, en los cuales, desde mi punto de vista, no debemos inmiscuirnos.

Tienen que sufrir su propia lucha interna, que debe abrirse nuevos caminos ante las incertidumbres, las victorias y las derrotas que la vida les depara. Solo ellos, y en su caso, con nuestra cercana compañía tienen que pasar el duelo de la soledad, de la desesperación, del dolor, del sufrimiento, del resurgir, del superarse…

Es cierto, que cuando ves a alguien sufrir o triste intentamos, con la mejor voluntad, sacarlo de su estado con entretenimientos o caprichos que no hacen más que desviar su atención del verdadero problema… Yo no deseo que mis hijos no sufran eso, no deja de ser humano e inevitable, deseo que entiendan lo que les pasa y que atesoren nuevos recursos que les sirvan para guerras futuras.

Sinceramente creo que no puedo enseñar ciertas lecciones que la vida les pone en su camino, es más no quiero, aunque pudiese, pues, hay cosas que solo uno debe gestionar desde su interior para conseguir una auténtica madurez.

Sin embargo, creo en nuestra influencia. Para que con nuestro ejemplo de vida hagamos de nuestros hijos personas que saben llorar sin temor, sabiendo asumir que perder y ganar son los extremos de una misma cosa que se repetirá incesantemente en los años que estemos respirando. Al no ser que un entendimiento espiritual superior de la vida, los libere de dicho círculo.

Nuestra influencia debe ser el ejemplo de no perder la cabeza en los momentos de grandes éxitos y no perder la cordura en los momentos de profundos fracasos.

Es demasiado pretencioso por parte de la humanidad jugar a ser Dios, pensando que todo lo que nos sucede en nuestro día lo podemos controlar como si fuésemos los que manejamos todos los hilos, aún así, sí podemos manejar los mandos que administran el enfoque que le damos a nuestra vida, haciendo del presente consciente nuestra única realidad.

Siento ver a mis hijos tristes, apenados o sufrir, como también siento verlos eufóricos, endiosados o invencibles; lo que no siento es que ellos mismos, sin mi ayuda, con mi compañía… fragüen en su interior las herramientas que les permitirán, si lo logran, estar en un punto interior de constante entendimiento existencial.

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