GRACIAS AMIGO “VENADO”

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Dejar Huella. GRACIAS AMIGO “VENADO”

Anocheciendo, tranquilamente recostado en mi cama, solo, sin nada especial que hacer… pues, nada, vamos a ver que echan en “la dos”…

La primera escena que aparece es un todo terreno llegando, al amanecer, a una finca de caza. Del coche bajan dos hombres uno equipado con unos prismáticos, el otro con otros y un arma de largo alcance.

Según andaban por el monte, uno de ellos detiene al otro y le propone que guarde silencio para escuchar el canto de la naturaleza.

Es un “beeeeeeaaeeae” a lo bestia. El sonido no era otro que las potentes llamadas de los venados, algo realmente impresionante de escuchar…

Después de aquellas imágenes tan grandiosas, el arma sobraba, ¿Por qué no se podía hacer el mismo paseo sin el arma? ¿Por qué hablar de caza selectiva? Al fin y al cabo, ¿quién eran esos hombres para decidir que animal debía morir aquella mañana?

La propiedad es una verdadera maravilla, con dos arroyos y con un gran lago que es el alma y el seguro de vida para muchos animales que la habitan.

Mientras seguían andando los hombres hablaban de las cualidades de lo que sería un gran trofeo: “un quince puntas”, “un cuerpo ancho”, “un puntas negras”, etc.

Según hablaban de esto y enfocaban a los animales llenos de vida en un medio repleto de naturaleza, mi repulsa aumentaba, y no solo por el arma. En mi interior notaba una sensación de rechazo por los seres que la portaban.

No era una cuestión de odio, pero sí un claro repudio a los hombres que buscaban la pieza adecuada para segarle la vida con el sórdido “pum” de un disparo a traición.

Yo me sentía el animal. Entre tantos ¿por qué precisamente ese? Incluso me pregunté ¿Si los cazadores eligieron al venado o el venado los “eligió a ellos”?

No pude soportar el momento del disparo, me tuve que tapar los ojos a la vez que fui incapaz de cambiar de canal hasta verlo abatido.

Ahora sí era insoportable la repulsa hacia aquellos hombres. Una escena cargada de tensión, mientras uno apuntaba  el otro, “el ojeador”, decía “¡dispara, dispara, éste es el que estábamos buscando!”.

Se me pasó por la cabeza, al ver como arrastraban el cadáver de la víctima indefensa, ¡qué hombres tan horribles! Son capaces de crear muerte y que bueno soy yo que la rechazo…

Lo viví por fuera a la vez que lo estaba viviendo intensamente por dentro, era evidente el rechazo de esos hombres a la creación. El cual, justificaban y se podría justificar de mil maneras sin dejar de ser un rechazo a la vida. Sin embargo, también era evidente mi rechazo hacia ellos y seguramente con más intensidad.

¿Dónde estaba la diferencia entre su rechazo y el mío? Quizá para muchos lectores de este post sea evidente, para mí no había ninguna. Mi rechazo en ese momento y con las circunstancias precisas podría hacer daño.

Sí es verdad, lo mío estaba justificado, ¿no? Lo mio es una causa “noble”, un fin supremo y divino, preservar la naturaleza, el amor a los seres vivos, no matar, etc. las mil y una justificaciones que podrían dar los señores del arma para matar; mantener el equilibrio natural, preservar el entorno, controlar la población con respecto a la comida, etc.

En síntesis y en profundidad, mi repulsa a otro ser vivo era tan evidente en mí como en ellos. Es más, no estaba viendo a dos hombres despreciando la vida, estaba viendo el reflejo de mi desprecio interior a la vida en esos dos hombres.

En definitiva, ellos eran los actores de una representación que nunca he deseado admitir que existía, por lo doloroso que es saber que no hay ninguna diferencia, profunda, entre el que dispara y el que siente repulsa por el que lo hace. En esencia el cáncer es el mismo, no eran dos hombres, eran dos espejos que me mostraban una parte de mí que sin ellos no vería nunca. Con el único fin de que entendiera el hecho.

Después de respirar con intensidad y con atención tal sentimiento, comprendí que yo no había elegido el canal de televisión, comprendí que los cazadores no habían elegido al venado, sino que el “GRAN ANIMAL” nos había elegido a todos los que representamos la obra de vivir. Con el objetivo de aprender la lección de esos instantes presentes, sintiendo la repulsa a la vida  con fuerza para poder comprenderla sin juzgarla, sin condenarla, sin esconderla, sin desear evitarla…

Gracias amigo “venado” por mostrar a través de tú interpretación de existencia la parte de mí que te ha disparado, sin ni siquiera tener arma (no es necesario para matar, lo hacemos a diario).

Gracias amigo “venado” por mostrar el acto más puro de AMOR que se puede vivir, el de darlo todo (incluso la vida) sin esperar absolutamente nada a cambio.

Gracias amigo “venado” por romper los condicionantes que me indivualizaban, por mostrarme igual que los que dispararon el arma, para asumirlos como parte indiferenciable de mí. Ellos son yo, y yo soy ellos…

Gracias a la vida por mostrarme en cada detalle, en cada animal y en cada persona lo que yo soy en realidad…

Te quiero

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