UN DIOS QUE ME PERDONE

Dejar Huella. UN DIOS QUE ME PERDONE

No hace mucho, viendo un documental, escuché a una mujer contando su historia de vida. Al parecer no había sido muy honesta con ella misma durante muchos años y se sentía muy culpable por ello.

Su forma de vivir, no estaba acorde con su forma de sentir. Dicho de otra forma, se rechazaba a si misma por ganarse la vida en lo que ella pensaba que era un “pecado”. Si ya duele cuando alguien te rechaza… imagínate cuando tú mismo te rechazas.

Tras largos años atrapada en su sufrimiento dio con una religión que le ofrecía perdón, amor y paz eterna. Siguió contando que fue como un volver a nacer para ella. Quién se negaría a la oportunidad de que lo perdonen y lo acojan en el “paraíso”, independientemente de lo que hayas hecho a lo largo de tú vida.

Me impactó su frase “¿Dónde podría encontrar una oferta así sin que me pidan nada a cambio? Estaba claro que se encontraba mejor con su vida actual.

Haré un pequeño inciso para decir que condicionar nuestra vida a una creencia es un gran precio a pagar, no es exactamente un “sin nada a cambio”. Quizá en otro post…

La verdad, me quedé pillado con su expresión, con su cara y con su mensaje. Durante unos minutos interioricé la experiencia y me di cuenta de lo que realmente había sucedido, es decir, del HECHO.

Independientemente de cualquier creencia o religión, el verdadero HECHO que le cambio la vida a esta mujer fue el de PERDONARSE.

Ella no lo percibió de esta forma, pero no fue otra cosa que su decisión de enfrentarse a su temor lo que la llevo a la PAZ que hoy vive. No me creas, reflexiona sobre ello…

Por una vez no se rechazo, ni huyó de ella misma para verse en el espejo tal y como era, sin desear cambiarse. Para decirse desde su corazón, por mediación de cualquier insignificante “dios”, TE PERDONO, TE ACEPTO Y TE ACOJO EN MI CORAZÓN TAL Y COMO ERES.

La pena es que “la luz de las farolas no nos dejen ver las estrellas”, que “los condicionantes de nuestra vida no nos dejen ver la luz de nuestro corazón”, delegando la autoridad de nuestro propio PERDÓN, de nuestra propia ACEPTACIÓN y de nuestra  propia PAZ en otros. Metiéndonos sin darnos cuenta en la guarida de otro “lobo con piel de cordero”.

La posibilidad de hacer realidad cualquier cosa en tu vida solo la tiene un verdadero DIOS, que no es otro que TÚ.

DIOS no está en otro lugar que no sea en el que tú te encuentras, ni en otro momento que no sea siempre ahora mismo .

Ya queda en ti que delegues tu responsabilidad de vivir íntegramente en otros o no.

Para mí es un riesgo enormemente peligroso, incluso, más que la propia muerte. Porque vivir con miedo, que es el precio que se paga por estar condicionado, es igual a estar continuamente torturado y muerto a la vez.

La promesa que esta mujer encontró en su vida está disponible dentro de nosotros a cada instante, sin la necesidad de hacer nada que no dependa de ti mismo y con la sencillez de una decisión que muchas religiones usan para unir a las personas eternamente… Te aseguro que bastara con “casarte” con honestidad a tu existencia “SÍ QUIERO A MI VIDA SEA LA QUE SEA”.

LA PAZ SEA CONTIGO…

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