CRUCES DE VIDAS

Dejar Huella. CRUCES DE VIDAS.

Como una mancha de aceite se extiende más la creencia de que existen personas “tóxicas”, individuos de los que nos conviene alejarnos para que nosotros podamos sentirnos “positivos y bien”.

¿Perdona? Lo entiendo, sin embargo no lo comprendo… ¿No me dices que todo pasa dentro de mí? ¿Acaso alguna emoción, algún sentimiento, alguna sensación, alguna percepción, algún estímulo, etc. puede acontecer fuera de mí?

Si doy por hecho que la felicidad solo es posible en mi interior… ¿Por qué también doy por verdadero que lo “tóxico” no me pertenece, es externo?

Nos hemos cuestionado alguna vez honestamente si lo qué percibimos cómo “dañino” en nuestra existencia, NO es tan solo nuestra parte “venenosa” reflejada en las personas que juegan su papel para nosotros.

En algún instante prodríamos llegar a la conclusión, aunque sea por casualidad, de qué alejarnos de lo que sentimos con la intensidad de estar vitales si lo rechazarnos porque no nos gusta, o por cualquier otro motivo, nos repudiamos a nosotros mismos. Es no asumir, es no aceptar una parte que debemos enfrentar, atravesar de nuestra vida.

Nos podemos marchar muy lejos, no obstante lo que hemos sentido lo portaremos allá dónde nos posemos. Sin duda, en unas circunstancias similares emergerá una nueva persona “tóxica” que romperá el blindaje de nuestra  preciosa y brillante “caja fuerte” de apariencias, no lo hará para que nos volvamos a distanciar con excusas, entretenimientos, placeres, llantos y alegrías, sino para que nos liberemos de lo que no hemos sido capaces de aceptar hasta ese momento.

No habrá destino en el que no aterricemos con nuestra mochila interna, no hallaremos escondite dónde ocultarnos de lo que portamos a nivel psicológico.

Creemos que nos restan energía los demás y lo que nos resta la energía es no querer admitir de dónde partimos. Nos vaciamos, no por el personaje que se nos cruza, sino por intentar escabullirnos de la realidad de ser lo que somos.

Es posible que detestemos a los ladrones, a los asesinos, a los mentirosos, a los desleales, a los infieles, a los negativos, a los que nos aburren, a los egoístas, etc. sin ser conscientes que somos eso mismo…

Sé que lo que expongo en estas lineas muchos de los que las leemos no lo entenderemos o no lo compartiremos. ¿Yo un ladrón, un asesino…? No importa, no lo escribo para el aplauso, yo, por supuesto, sí lo soy.

Quizá no he matado a nadie porque, simplemente, no se hayan dado las circunstancias idóneas para realizar el hecho. Por ejemplo, si mi religión me hubiese condicionado el paraíso a inmolarme, no sé si ahora estaría esparcido en cualquier aeropuerto… ¿Alguno de nosotros pondría su mano en el fuego por él mismo sin quemarse?

Hay personas que rechazan la vida de otros por su felicidad, y yo rechazo la de ellos por la mía. En lo profundo no aprecio ninguna diferencia, excepto los motivos y las circunstancias.

La síntesis psicológica es:

“CREO QUE MI VIDA SERÍA MÁS FELIZ SI LA PERSONA QUE ME ESTORBA NO EXISTIERA”.

Lo más dramático de todo es tener estos sentimientos y rechazarlos, pues, nos asesina, nos roba, nos miente, nos vuelve negativos… a nosotros mismos.

La angustia de sentir todo esto en nuestro interior nos provoca tal dolor que la descargamos haciendo culpables al resto de personas que nos rodean. Los etiquetamos como los “tóxicos” de la sociedad.

De nuestra rabia, por ejemplo, tiene la culpa nuestra pareja, nuestros hijos, nuestros trabajos, nuestros compañeros, nuestras circunstancias, etc. todos menos nosotros. Y nos sentimos tan a gusto y calmados cuando aprovechamos nuestra autoridad para poner a los que podemos, por supuesto, en su lugar con nuestras broncas, nuestras críticas, nuestras descalificaciones, nuestras notas, nuestras, como siempre nuestras etc. jajaja

Te imaginas, por un momento, hacerte el responsable de lo que sientes. Te imaginas asumir tu mundo interno con honestidad. Te figuras hacerte consciente que nada es externo a ti. ¿Cómo viviríamos las cosas que nos pasan?

Te imaginas un mundo con personas que se hacen responsables absolutos de su rabia, de su dolor, de su envidia, de su pobreza… en definitiva, humanos que asumen sin miedo sus vidas.

Yo sí me lo imagino. Es un mundo lleno de personajes a los que estar agradecidos, porque el que te hace sentir lo “tóxico” te da la oportunidad de aplicarte el antídoto de la profunda comprensión del hecho de tu sentir. Solo estando resfriado se puede curar el resfriado… Solo estando rabioso se puede comprender la rabia.

Hagamos un experimento. Pongámonos, por ejemplo, celosos pensando que vives solo tú en el mundo. No puedes ¿verdad? Ahora ponte celoso (o lo que desees) pensando que otra persona te pertenece. Si mezclas otro personaje en la obra de vivir todo cambia en tu interior, sin embargo nada es externo a ti mismo. Solo nuestro pensamiento de posesión te vuelve celoso.

Es posible que el motivo de que esa persona, que te pone celoso, se cruce en tu camino sea, simplemente, para que juegue su papel y afloren en ti los celos que tan profundamente deseas esconder. Tu rechazo a vivirlos, íntegramente, obligarán a la vida a poner en tu día a día situaciones de celos. Con el único objetivo de liberarte de ser celoso para siempre…

Nuestra ignorancia hace responsables de lo “ponzoñoso” a los personajes externos que nos rodean, nuestra conciencia le da las gracias a cada uno de ellos por vivir el papel que nos otorga la oportunidad de ser verdaderamente libres.

El camino de la huida (psicológica) solo te llevará, tarde o temprano, al lugar de donde huyes (posiblemente con otros personajes), nunca a la libertad.

Nunca te diré adiós, porque nunca te dije hola… siempre estuviste, siempre has estado y siempre estarás. Por eso ya te quería, por eso TE QUIERO y por eso te querré… hagas lo que hagas, SOLO GRACIAS.

GRACIAS A TODOS LOS QUE OS CRUZÁIS EN MI VIDA CADA DÍA, ME HACÉIS MÁS LOCO.

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